El 27 de noviembre de 1830, en la Capilla de la calle Bac, en París, la Virgen María se apareció a Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina. Vestida de blanco, junto a un globo con una cruz sobre él, salían de sus manos rayos luminosos hacia la tierra, y dijo: "Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre".
El 27 de Noviembre se celebra el aniversario de la aparición de la Virgen de la Medalla Milagrosa a Santa Catalina de Labouré. Esta celebración, que ha sido una tradición anual, convoca a cientos de fieles en la capilla para rendir homenaje y recordar el mensaje de la Virgen. Próximamente se anunciará la hora de la misa de este Aniversario 2024. Se invita a toda la comunidad a participar y compartir esta bendición especial.
Durante la audiencia general del 28 de diciembre de 2016, en el Aula Pablo VI en el Vaticano, el Papa Francisco rezó ante el cuadro original de la Virgen del Milagro. Este cuadro es conocido como la Medalla Milagrosa y ha sido venerado por generaciones de devotos. Estuvo expuesto en la Basílica de San Pedro hasta el 1 de enero de 2017, brindando la oportunidad a los fieles de recibir bendiciones y participar en momentos de oración profunda.
El Papa Francisco bendijo la Virgen de la Medalla Milagrosa de la Rue du Bac (París) el 11 de noviembre de 2020, en el Vaticano. Una Virgen que luego recorrió Italia durante un año, para reconfortar en tiempos de pandemia. Esta iniciativa tuvo lugar con ocasión del 190 aniversario de las apariciones marianas a santa Catalina Labouré (1806-1876), según un comunicado de la familia religiosa de san Vicente de Paúl.
Postrado ante vuestro acatamiento, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, y después de saludaros en el augusto misterio de vuestra concepción sin mancha, os elijo, desde ahora para siempre, por mi Madre, Abogada, Reina y Señora de todas mis acciones y Protectora ante la majestad de Dios. Yo os prometo, virgen purísima, no olvidaros jamás, ni vuestro culto ni los intereses de vuestra gloria, a la vez que os prometo también promover en los que me rodean vuestro amor. Recibidme, Madre tierna, desde este momento y sed para mí el refugio en esta vida y el sostén a la hora de la muerte. Amén.
¡Oh Virgen Inmaculada, verdadera escala por donde pueden los pecadores llegar al reino de Dios! Mostraos tal en la conversión de este infeliz que eficazmente encomendamos a vuestro patrocinio; iluminad su inteligencia con los rayos de luz divina que proyecta vuestra Medalla, para que conozca la vida peligrosa que arrastra, la inmensa desventura en que vive alejado de Dios y el terrible castigo que le espera; y, sobre todo, dejad sentir vuestra influencia sobre su corazón para que llore la ingratitud con que mira a Dios, su Padre amoroso, y a Vos, su tierna y cariñosa Madre. Tendedle vuestra mano ¡oh Virgen Purísima! arrancadle del cautiverio del pecado, sacadle de las tinieblas en que yace y conducidle al reino de la luz, de la paz y de la divina gracia.
¡Oh María, consuelo de cuantos os invocan!. Escuchad benigna la confiada oración que en mi necesidad elevo al trono de vuestra misericordia. ¿A quién podré recurrir mejor que a Vos, Virgen bendita, que sólo respiráis dignidad y clemencia, que dueña de todos los bienes de Dios, sólo pensáis en difundirlos en torno vuestro? Sed pues mi amparo, mi esperanza en esta ocasión; y ya que devotamente pende de mi cuello la Medalla Milagrosa, prenda inestimable de vuestro amor, concededme, Madre Inmaculada, concededme la gracia que con tanta insistencia os pido.
¡Oh dulce y gloriosísima Virgen María! He dirigido mis humildes súplicas a vuestro trono, y he conocido por experiencia que nunca se os invoca en vano; que vuestros ojos miran complacidos a quien en vuestra presencia se postra; que vuestros oídos están atentos a nuestras plegarias; que vuestras manos vierten bendiciones a torrentes sobre el mundo entero, y en particular sobre los que llevan con confianza la Medalla Milagrosa. ¿Cómo pagaros, Madre Inmaculada, tanto favor? De ningún modo mejor que proclamando vuestra bondad y difundiendo por todas partes vuestra bendita Medalla, como me propongo hacerlo desde este día en testimonio de mi agradecimiento y de mi amor. Dadme gracia, Madre mía, para llevarlo a cabo.
¡Oh María, sin pecado concebida, cuya inmensa bondad y tierna misericordia no excluye el alivio de este amargo fruto de la culpa que se llama enfermedad de la cual es con frecuencia víctima nuestro miserable cuerpo! ¡Oh Madre piadosa, a quien la Iglesia llama confiada ¡Salud de los enfermos! Aquí me tenéis implorando vuestro favor. Lo que tantos afligidos obtenían por la palabra de vuestro Hijo Jesús, obténgalo este querido enfermo, que os recomiendo, mediante la aplicación de vuestra Medalla. Que su eficacia, tantas veces probada y reconocida en todo el mundo, se manifieste una vez más: para que cuantos seamos testigos de este nuevo favor vuestro, podamos exclamar agradecidos: La Medalla Milagrosa le ha curado.
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos. Ésta es la oración que tú inspiraste, oh María, a santa Catalina Labouré, y esta invocación, grabada en la medalla la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero. ¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en ti! ¡La maravilla de tu maternidad divina! Y con vistas a ésta, ¡la maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la cruz de nuestro Salvador! Tu corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas sobre la Iglesia de la que eres Madre. Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevemos a pedírtelas, de que nos acerquemos a ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño. Y precisamente así nos encaminas sin cesar a tu Divino Hijo. Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo la fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad, y también por los que padecen persecución a causa de su fe. Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.
La capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa está ubicada en calle Venecia N°1640, en la comuna de Independencia, Santiago de Chile. Se encuentra al interior de la Casa Provincial de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Este santuario recibe fieles durante todo el día y sus instalaciones ocupan el total de una manzana, rodeadas de jardines que crean un ambiente apacible para los devotos. Abre sus puertas todos los martes a las 19.30 horas para la celebración de la misa.
La Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, es una sociedad de vida apostólica femenina de derecho pontificio, fundada el 29 de noviembre de 1633, por Vicente de Paúl y Luisa de Marillac con el fin de dedicarse al servicio corporal y espiritual de los pobres enfermos. Las mujeres miembros de esta sociedad son conocidas como hijas de la Caridad, hermanas paúles, vicentinas o vicencianas.
Nació en Fain-lès-Moutiers, región de la Borgoña, Francia, el 2 de mayo de 1806. Falleció el 31 de diciembre de 1876 en Paris. Fue admitida el 21 de abril de 1830 en el Seminario de las Hijas de la Caridad. Beatificación, 28 de mayo de 1933 por Pío XI. Canonización, 27 de julio de 1947 por Pio XII
Nació en París, Francia, el 12 de agosto de 1591. Falleció el 15 de marzo de 1660 en Paris. Fue cofundadora (junto a Vicente de Paúl) de las Hijas de la Caridad. Beatificación, 9 de mayo de 1920 por Benedicto XV, Canonización, 11 de marzo de 1934 por Pío XI.
Nació en Gascuña, Francia, el 24 de abril de 1581. Falleció el 27 de septiembre de 1660 en Paris. Fue cofundador (junto a Luisa de Marillac) de las Hijas de la Caridad. Beatificación, 13 de agosto de 1729 por Benedicto XIII. Canonización, 16 de junio de 1737 por Clemente XII